El papa León XIV anunció el domingo 11 de octubre que deberá someterse a una cirugía para extirpar un nódulo en uno de sus pulmones. La noticia sorprendió a los fieles y generó especial expectativa en Argentina, donde está prevista su visita entre el 8 y el 11 de noviembre, como parte de una gira latinoamericana que también contempla Uruguay y Perú.
León XIV será operado mañana: mantiene firme su intención de viajar a la ArgentinaRobert Prevost, de 71 años, comunicó la novedad durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro. Explicó que el nódulo fue detectado durante estudios médicos recientes, en una etapa muy temprana y cuando todavía estaba bien localizado. Según señaló, sus médicos consideraron conveniente intervenir y la operación quedó programada para los días siguientes.
El anuncio tuvo un componente personal: el Pontífice agradeció la cercanía de los fieles y pidió que lo acompañaran con sus oraciones. La información oficial, por el momento, no permite anticipar cómo evolucionará su recuperación ni confirmar cambios en la agenda internacional.
La noticia también volvió a poner en perspectiva una cuestión que atraviesa la historia contemporánea de la Iglesia católica: cómo se comunican las enfermedades de los papas, de qué manera sus problemas físicos condicionan el ejercicio del pontificado y qué significado adquiere la fragilidad de quien ocupa la máxima autoridad de la institución.
El Gobierno y la Iglesia argentina expresaron su apoyo al papa León XIV y esperan novedades sobre su visitaJuan Pablo II: las operaciones, el atentado y el deterioro físico
El pontificado de Juan Pablo II estuvo marcado por numerosos episodios médicos, algunos de ellos de extrema gravedad. Uno de los más dramáticos ocurrió el 13 de mayo de 1981, cuando Mehmet Ali Ağca le disparó en la Plaza de San Pedro. El Papa fue trasladado de urgencia al Policlínico Gemelli de Roma, donde fue operado por las heridas sufridas.
Tras el atentado, Wojtyła atravesó un prolongado proceso de recuperación. Con el paso de los años, sus internaciones y las complicaciones de salud se convirtieron en parte de la historia de su pontificado.
En julio de 1992, el propio Juan Pablo II informó públicamente que debía acudir al Gemelli para someterse a estudios médicos. Lo hizo al finalizar el Ángelus del 12 de julio, cuando sorprendió a los fieles con un mensaje directo: “Quisiera hacerles ahora una confidencia. Esta noche iré al Policlínico Gemelli para someterme a algunos exámenes diagnósticos. Les pido sus oraciones”.
Cómo será la operación del papa León XIV y cuánto tiempo podría demandar su recuperaciónTres días después, el 15 de julio, fue intervenido para extirparle un tumor intestinal benigno. Permaneció internado hasta el 26 de julio. El episodio quedó registrado en la cronología oficial del Vaticano y constituye uno de los antecedentes más claros de un pontífice que decidió comunicar personalmente una intervención quirúrgica.
La etapa final de su vida estuvo marcada por la enfermedad de Parkinson, las dificultades para caminar y la progresiva pérdida de capacidad para hablar con claridad. Sus apariciones públicas permitieron observar el deterioro de su estado físico, sin que abandonara por ello el ejercicio de sus funciones hasta sus últimos días.
La imagen de Juan Pablo II durante sus años finales quedó asociada al sufrimiento físico y a la decisión de no ocultar sus limitaciones. Para numerosos fieles, su presencia pública en esas condiciones constituyó un testimonio de fe; al mismo tiempo, la atención mediática sobre su salud alimentó especulaciones acerca de su capacidad para gobernar la Iglesia.
Francisco: la rodilla, las internaciones y la última etapa de su vida
Jorge Bergoglio también hizo de la comunicación directa sobre su salud una característica de su pontificado. En distintas oportunidades explicó públicamente sus dificultades físicas, incluso cuando estas afectaban su participación en celebraciones y encuentros con los fieles.
En 2018, durante una visita a la cárcel romana de Regina Coeli, Francisco comentó que debía someterse a una operación de cataratas. La referencia fue una muestra de su estilo cercano, mediante el cual solía incorporar cuestiones personales a sus conversaciones con la gente.
Sin embargo, uno de los problemas que más condicionó su actividad cotidiana fue el dolor en la rodilla. En 2022, el Papa tuvo que cancelar compromisos y reducir algunos desplazamientos debido a las molestias y a las indicaciones médicas de reposo.
El 11 de mayo de ese año, después de una audiencia general, explicó a los presentes por qué no podía acercarse a saludarlos como acostumbraba: “Quisiera disculparme porque hoy no podré acercarme a saludarlos, debido a que mi rodilla todavía está enferma”.
El Vaticano informó entonces sobre las restricciones que el dolor le imponía para caminar y sobre la necesidad de adaptar algunas actividades.
Con el paso del tiempo, Francisco comenzó a utilizar de manera habitual una silla de ruedas en sus apariciones públicas. La imagen de un Papa que continuaba recibiendo visitantes, pronunciando discursos y participando de ceremonias pese a sus limitaciones físicas contribuyó a visibilizar la vejez y la discapacidad en los espacios de mayor exposición pública.
La larga internación de 2025
El episodio más grave de salud de su pontificado comenzó el 14 de febrero de 2025, cuando Francisco fue ingresado en el Policlínico Gemelli de Roma para recibir tratamiento por una bronquitis persistente. Los estudios posteriores detectaron una neumonía bilateral, que complicó su cuadro respiratorio y obligó a prolongar la hospitalización.
Durante los 38 días que permaneció internado, la Santa Sede difundió partes médicos periódicos. Los comunicados informaron sobre la evolución de su respiración, los tratamientos con oxígeno, las sesiones de fisioterapia respiratoria y los momentos de estabilidad y mejoría. En algunos tramos, los médicos mantuvieron un pronóstico reservado debido a la complejidad del cuadro.
Francisco recibió el alta el 23 de marzo, aunque con indicación de continuar la convalecencia durante al menos dos meses. Su recuperación fue seguida de cerca porque la enfermedad había limitado su participación en las actividades del Jubileo de 2025.
El 21 de abril de ese año, un día después de impartir la bendición pascual Urbi et Orbi, murió en su residencia del Vaticano. El certificado médico oficial estableció que el fallecimiento se produjo a raíz de un accidente cerebrovascular, seguido de coma y colapso cardiovascular irreversible. También consignó sus antecedentes de insuficiencia respiratoria aguda asociada a neumonía bilateral, bronquiectasias, hipertensión arterial y diabetes tipo 2.
Su última etapa dejó una imagen que trascendió las fronteras religiosas: la de un pontífice que, aun con una salud deteriorada, procuró mantener el contacto con los fieles y continuar con su tarea pastoral mientras sus condiciones físicas se lo permitieron.
Benedicto XVI: el deterioro de la salud y sus últimos días
La salud de Benedicto XVI también fue objeto de comunicación pública, aunque en circunstancias diferentes. Joseph Ratzinger había renunciado al pontificado en febrero de 2013 y vivía en el monasterio Mater Ecclesiae, dentro del Vaticano, como papa emérito.
En diciembre de 2022, Francisco pidió públicamente que los fieles rezaran por su antecesor, al informar que estaba muy enfermo. La Sala de Prensa de la Santa Sede confirmó entonces un agravamiento de su estado de salud relacionado con el avance de la edad y señaló que permanecía bajo supervisión médica.
Benedicto XVI murió el 31 de diciembre de 2022, a los 95 años. Su caso tuvo una particularidad institucional: era el primer papa emérito de la era moderna que fallecía después de una renuncia al pontificado, por lo que su estado de salud y sus últimos días fueron seguidos por la prensa internacional.
León XIV y una nueva comunicación sobre la salud papal
El anuncio de León XIV se suma a una serie de episodios en los que los pontífices optaron por informar personalmente sobre sus problemas de salud o en los que el Vaticano difundió partes médicos para mantener informada a la comunidad católica.
En el caso del actual Papa, la información conocida hasta el domingo 11 de octubre es concreta: los médicos detectaron un nódulo pulmonar pequeño y localizado, lo identificaron en una etapa temprana y recomendaron extirparlo mediante una intervención quirúrgica.
No corresponde deducir de esos datos un diagnóstico más específico ni anticipar el resultado de la operación. Tampoco hay, por ahora, una comunicación oficial que confirme modificaciones en el viaje previsto a América Latina.
La expectativa es especialmente significativa para Argentina, donde la visita papal representa un acontecimiento religioso e institucional de alcance internacional. Cualquier eventual cambio dependerá de la evolución médica y de las decisiones que comunique la Santa Sede.